Aceptémoslo, todas en algún momento de nuestras vidas, hemos visto a alguna de nuestras congéneres a través del cristal del monstruo verde de la envidia pues sentimos que son unas súper mujeres que nosotras nunca llegaremos a ser.

Todas tenemos una amiga tan compasiva que está más allá del bien y el mal y se quita la comida de la boca para dársela a los pobres; otra tan disciplinada en el gym que es incapaz de conmoverse frente al más delicioso fondant de chocolate para no engordar y se le marcan los abdominales solo de respirar; otra con la casa impecable, el marido un sol y los niñitos de portada; otra súper ejecutiva exitosa con 18 postgrados y una carrera imparable hacia la cima; y bueno la mejor de todas es la que hace todo eso: es compasiva (trabaja para 10 fundaciones), es cirujano plástico, come impecablemente y hace ejercicios como loca y con los años que tiene nunca ha tenido celulitis, es famosa en las redes sociales con por lo menos 3.000 likes por foto, tiene un esposo de revista que la adora y sus niños son los mejores portados del salón; todo esto sin despeinarse ni perder el maquillaje ni siquiera bajo los 35 grados de este país tropical.

Después de un suspiro largo lo único que logras decir es ¡Qué depresión! Pues tú en cambio ves tu casa hecha un desastre con los “pelaos” todos llenos de chocolate, tu marido presentable pero no un sol, gym ¿quién tiene más de 20 minutos para eso?, caridad ¡sí lancé algo en la cestita de la iglesia el domingo!, carrera súper exitosa con 3000 likes, ¡ehhh no! Y pare usted de contar. Por supuesto cuando haces comparaciones injustas te frustras.

Es importante que sepas que cada una de esas súper mujeres seguro también ve con anhelo algo que tú tienes y que ni siquiera consideras que es algo que alguien más pudiera querer, así sea la simplicidad de tu vida. Es muy difícil sentirnos conforme con lo que tenemos pues cuando ya es nuestro le perdemos apreciación y al perder apreciación también nos olvidamos del agradecimiento.

Cada historia es diferente y es probable que alguna de tus amigas haya sacrificado algo preciado por el camino para tener lo que tiene, así que olvídate del monstruo verde y de los avances que tienen otras y concentra todas tus energías en tus propios avances y en aplaudir los de las demás. Preguntar cómo lo hacen es también válido, a lo mejor tienen un método maravilloso de manejo del tiempo o la fortuna de necesitar dormir muy pocas horas. Aprendamos de las que ya recorrieron el camino y a quienes vemos con admiración, no para ser como ellas si no para ser mejores de cómo somos nosotras ahorita.

Veamos con nuevos ojos todas las bendiciones maravillosas que nos rodean. No serán los niños impecables de revista, pero son tuyos y son adorables. No será el trabajo de la vida, pero hazlo con amor porque te trae el pan a la mesa. No será Brad Pitt, pero te respeta y haría lo que fuera por ti. No serán 3000 likes, pero son 3 de las personas que más quieres.  No será una vida perfecta, pero es una vida feliz y al final eso es lo único que importa. Agradece todo lo que tienes y lo que haces, y así te darás cuenta de que tú también eres una súper mujer.

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